Estos sectores extractivos, que han sido soporte de la inversión y las exportaciones, atraviesan una compleja coyuntura y la “estarían viendo negra”, como dice el adagio popular. Análisis de Anif y Bancolombia.
Al cierre del primer trimestre de este año, la economía del país creció 2,7%, su nivel más alto de los últimos dos años. Sectores como el agro, el entretenimiento y las actividades públicas, así como los servicios, jalonaron e impulsaron esta dinámica.
Según el área de Investigaciones del Banco de Bogotá, la agricultura extendió la bonanza experimentada desde 2024 al ser el segundo sector con mejor dinámica. En concreto, el crecimiento de 7,1% se sostuvo por las altas cosechas de café, donde su producción aumentó año a año un 31%, de pesca y acuicultura (18%), silvicultura y extracción de madera (11%) y, en menor medida, de la ganadería (9%) y cultivos agrícolas (2,4%). Entre tanto, el sector financiero creció 3,5%, impulsado por la mayor demanda de crédito comercial, mientras que las actividades inmobiliarias, profesionales y de comunicaciones gozaron de un avance anual.

El carbón y el petróleo, como se dice popularmente, “la estarían viendo negra”, en un panorama con precios deprimidos a nivel global, mientras en el caso local, hay dificultades en la producción, altos costos y desafíos en las rentabilidades de empresas como Ecopetrol, mientras que otras en el campo carbonífero ya anunciaron recortes en su producción. | Foto: Adobe Stock
Sin embargo, la otra cara de la moneda fue el sector minero-energético volvió a consolidarse como la actividad con peor desempeño dada la menor producción de carbón y petróleo. La actividad minera y petrolera registró un detrimento de su actividad de -5% como consecuencia de la menor producción de carbón (-7%) y petróleo (-4%), que se compensó en alguna medida por el buen dinamismo en la extracción de oro dados los altos precios globales, dijo Banco de Bogotá en su informe.
El carbón y el petróleo, como se dice popularmente, “la estarían viendo negra”, en un panorama con precios deprimidos a nivel global, mientras en el caso local, hay dificultades en la producción, tensión con el Gobierno por no considerarlos sectores estratégicos sino por el contrario iniciar su marchitamiento con menos exploración y limitaciones ambientales. Además enfrentan altos costos que desafían las rentabilidades de empresas como Ecopetrol, mientras que otras en el campo carbonífero ya anunciaron recortes en su producción.
Aunque la Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH) publicó el informe de reservas y recursos de petróleo y gas para 2024, y destacó que Colombia aumentó sus reservas probadas de petróleo el año anterior, reponiendo en 105% lo producido; lo que implica que, por cada 100 barriles producidos, se repusieron 105 barriles y la relación reservas/producción, es de 7,2 años, el panorama, en especial el mundial, no pinta bien para el sector.

Con la reducción de la producción de las empresas carboneras, las regiones registrarán impactos en regalías y empleos. | Foto: carlos julio martinez
De acuerdo con un informe de Anif, la OPEP presentó un panorama complejo para el mercado petrolero global, caracterizado por una caída sostenida en los precios del crudo, ajustes a la baja en la oferta de países no OPEP y señales de moderación en el crecimiento económico global. “Aunque la demanda global de petróleo se mantiene resiliente, factores como la disminución de la inversión en exploración y la creciente volatilidad financiera están ejerciendo presión sobre el equilibrio del mercado. En primer lugar, la producción conjunta de la OPEP+ cayó 106.000 barriles diarios (bd) frente a marzo, ubicándose en 40,92 millones bd en abril. Esta reducción refleja los esfuerzos del grupo por sostener los precios ante un entorno de debilitamiento de la demanda y una mayor incertidumbre en los mercados”, dice el informe.
Agrega Anif que el valor de la OPEC Reference Basket registró una disminución de US$5,02 por barril frente al mes anterior, ubicándose en un promedio de US$68,98 por barril, el nivel más bajo en lo corrido del año. Esta caída se atribuye a la reducción de las posiciones especulativas, el aumento de inventarios en Estados Unidos y la persistencia de tensiones comerciales a nivel global, especialmente entre Estados Unidos y China.
“De forma similar, el precio del petróleo Brent ha mostrado una tendencia a la baja en los últimos meses. En abril se observó una caída mensual del 7,3%, lo que representa el tercer mes consecutivo de disminución en su cotización”, explica el análisis.
No obstante, en este contexto de precios a la baja, la OPEP mantiene su proyección de crecimiento en la demanda global de petróleo para 2025 en 1,3 millones de barriles diarios, lo cual refleja una expectativa de recuperación del consumo hacia la segunda mitad del año.
También se ha observado una desaceleración en el crecimiento proyectado de la oferta de petróleo por parte de los países no pertenecientes a la OPEP. La estimación para 2025 fue revisada a la baja en 100.000 barriles diarios, como resultado de una reducción en la inversión en actividades de exploración y producción, con una caída proyectada del 5% anual en 2025, especialmente en países como Estados Unidos y Canadá. Según Anif, esta disminución en la inversión responde a la debilidad de los precios del crudo, que ha reducido los incentivos para nuevas perforaciones, particularmente en segmentos de petróleo no convencional y proyectos en aguas profundas. De mantenerse esta tendencia, se podría configurar un escenario de oferta más restringida en el mediano plazo, especialmente si la demanda global se mantiene firme.
“Para Colombia, este panorama global representa implicaciones mixtas. La reducción de la oferta de países competidores y el ajuste en la inversión externa podría abrir espacios para exportadores medianos, especialmente si se mantiene la estabilidad productiva interna. Sin embargo, la caída reciente de precios limita el ingreso de divisas por exportaciones petroleras y podría presionar las cuentas externas si se prolonga. En consecuencia, la volatilidad internacional refuerza la necesidad de una política energética coherente y estable, que fomente tanto la inversión en hidrocarburos como la diversificación progresiva hacia energías más sostenibles”, advierte Anif.
