La salida de Shell de proyectos costa afuera del Caribe Sur baja las apuestas en contra de los tiempos que requiere el país para sacarle provecho a sus aguas profundas.

En 2022, Ecopetrol y Shell anunciaron que perforaran el primer pozo en aguas profundas del Caribe colombiano.
Foto: Cortesía Ecopetrol
La promesa energética en el país tendrá un cambio de estrategia. Tras la salida de Shell en el tablero de socios clave en la exploración costa afuera, el timón quedó suelto en los bloques Col 5, Purple Angel y Fuerte Sur. La decisión informó Ecopetrol, responde a una reorganización global del portafolio. Pero el movimiento deja interrogantes flotando a mar abierto: ¿qué sigue?
La petrolera nacional, que participaba en estos proyectos, confirmó que evalúa un nuevo plan para mantener a flote el desarrollo de Kronos 1, Pruple 1, Gorgon 1 y 2, y Galucus 1.
Las apuestas de estos planes son técnica y económicamente complejas, pero las reservas son una pieza crucial en el rompecabezas energético, y más ahora que la importación de gas ha sido una constante para amortiguar la demanda en el sistema.
El panorama no pinta bien. Actualmente, las reservas del país apuntan a que podrían agotarse en menos de seis años —en 2013, alcanzaba para 13 años—, por lo que Caribe Sur se proyecta como el salvavidas. La maduración de Gorgon, por ejemplo, sigue en curso, pero desde 2023 se veían complicaciones por la falta de plantas de tratamiento y gasoducto.
Para Ecopetrol, los planes son continuar su fase preparatoria en 2029 y comenzar producción entre 2031 y 2032. Para ello, la petrolera ya estudia cómo conectar estos campos con el Sistema Nacional de Transporte y garantizar su comercialización.
Sin embargo, Naturgás estima que entre 2026 y 2028 el déficit aumentará de forma progresiva. Para ese momento, Colombia necesitará contratar volúmenes adicionales de gas para suplir el faltante local.
Para el gremio, de continuar en este ritmo, Colombia deberá importar cantidades crecientes de gas natural licuado (GNL), que llega al país por barco, se regasifica en terminales y se inyecta al sistema. Pero esa cadena logística tiene costos adicionales y riesgos que van desde fenómenos climáticos (como huracanes en el Caribe) hasta choques geopolíticos en los mercados internacionales.
La salida de Shell en este proyectobaja las apuestas en contra de los tiempos que requiere el país para sacarle provecho a sus aguas profundas. Pese a esto, ambas compañías continúan siendo socios en el desarrollo del campo Gato Do Mato en Brasil, al cual se le destinarán recursos durante este año.
La empresa extranjera agregó en su ultimátum que “continuará trabajando para proporcionar productos y soluciones energéticas flexibles para Colombia, como es el suministro de LNG, lubricantes y combustibles de alta calidad”.
Pero aquí, en aguas nacionales, la operación dependerá cada vez más de las decisiones de Ecopetrol, que deberá demostrar si puede —en solitario o con nuevos socios— mantener el impulso de estos proyectos.
El gas natural ha sido presentado como el combustible de transición: menos contaminante que el carbón, más flexible que los renovables intermitentes. Y, en este caso, una alternativa nacional frente a la creciente dependencia de importaciones.
